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El inefable José Babini

Por Nora Bär

Publicado en La Nación (Buenos Aires) el 19 de mayo de 2004.  

El 18 de mayo de 1984, hace exactamente veinte años, moría uno de esos argentinos inefables, vorazmente culto e incansablemente batallador: José Babini.

Babini fue uno de esos talentos de la Ilustración. Nació en Buenos Aires en 1897, estudió Matemática en el Instituto del Profesorado Secundario, se graduó de ingeniero a regañadientes en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA y sería el pionero de los estudios de historia de la ciencia en el país.

"Llevó una vida muy dura -recuerda su hijo, el arquitecto Nicolás Babini-. Empezó a trabajar como cadete a los 12 años. A los 19 se hizo socio de la Sociedad Científica Argentina y enseguida organizó un curso de matemática. A los 23 ya era profesor universitario."

En 1930, a partir de su encuentro con Aldo Mieli, fundador de la Academia Internacional de Historia de la Ciencia, el interés de Babini se volcó de lleno a esta disciplina que no tenía antecedentes en el país. En las décadas siguientes, solo o en colaboración con Mieli y Julio Rey Pastor, escribiría cientos de artículos y más de tres decenas de libros.

Babini, Mieli y Rey Pastor conformaron la filial argentina de la Academia Internacional, realizaron conferencias, reuniones y debates e impulsaron la publicación de numerosas obras sobre el tema.

En 1939, Babini y Mieli crearon el Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universidad del Litoral, que funcionaría hasta 1943, y editaron fugazmente la versión argentina de la revista Archeion, cuya tirada había alcanzado los 40 volúmenes en Europa.

Después de 1955, y ya en Buenos Aires, fue decano interventor de la Facultad de Ciencias, organizador y rector interino de la Universidad del Nordeste, director general de Cultura, durante la presidencia de Frondizi, y primer presidente del directorio de Eudeba. Fue también el primer escritor de temas científicos galardonado con el Gran Premio de Honor de la SADE.

Babini fue un trabajador descomunal. "Era un gran organizador -recuerda su hijo-. Se ocupaba de todo hasta en sus más mínimos detalles. Siempre estaba muy concentrado en sus cosas, con el pizarrón del garaje lleno de fórmulas y ecuaciones. Mi casa se parecía a la de los profesores estadounidenses o europeos, que suelen recibir a sus alumnos fuera de clase. Tanto, que fue el garante de los estudiantes del interior que tenían que alquilar piezas o casas en el barrio. En el área de Extensión Universitaria de la Facultad de Química Industrial y Agrícola tenía a su cargo, al mismo tiempo, las conferencias, las publicaciones, la imprenta y la radiodifusora LT10. A los 87 años, poco antes de morir, todavía iba a Concepción del Uruguay a dar conferencias."

Todo lo hizo contra viento y marea. "Cada vez que quiso hacer algo, fracasó -afirma Nicolás, con amargura, al recordar sus cesantías inconcebibles-. Cuando lo echaron de la Universidad tuvo que dedicarse a dar conferencias, hacer traducciones y escribir libros. Era una especie de gran optimista. Sin embargo, nunca más se acordaron de él. Lo menos que se puede decir es que fue ingratitud..."

Sí, Babini es una de esas figuras que en cualquier país inspirarían admiración, pero aquí son poco menos que ignoradas. Sin duda, otra de las tantas cuentas pendientes de la Argentina.